A cuatro años del atentado a Cristina Fernández
El libro compilado por Cynthia Ottaviano, con textos de Leopoldo Moreau, Teresa Parodi, Ezequiel Ipar, Carlos Ciappina, Sebastián Plut, Rocco Carbone, José Manuel Ubeira y Victoria Donda, tiene este prólogo que Página/12 publica en exclusiva.
Por Baltasar Garzón – Fuente: https://www.pagina12.com.ar/ 1 de septiembre, 2026.
A las 20:52 horas del jueves 1 de septiembre de 2022, en el barrio de Recoleta, en Buenos Aires, Fernando André Sabag Montiel apuntó su pistola cargada con munición real contra Cristina Fernández de Kírchner, vicepresidenta de la nación argentina. Sabag apretó el gatillo, pero su Bersa del calibre 7.65 mm no disparó a causa de un error del atacante al preparar el arma. Fue detenido y de la investigación posterior se capturó y procesó a su expareja y a uno de los líderes del grupo ultraderechista al que pertenecía, Revolución Federal. El juicio se inició en julio de 2024. La investigación no fue más allá de estas personas.
“El día que se rompió el pacto democrático en la Argentina”, refiere Cynthia Ottaviano en el texto que da título a este libro. La autora destaca que a diferencia de otros magnicidios o intentos de magnicidio y según los fundamentos del tribunal oral que condenó a los agresores, tuvo como “causal necesaria” los “discursos de odio” contra la víctima. Y que los jueces precisaron: Un odio tan nítido y profundo sobre la “construcción de un enemigo, propagado por las redes sociales y los medios de comunicación, que llegó al acto”.

Es este un aviso grave de lo que acontece cuando se desatan tales inquinas, se hacen públicas y se propagan sin límite. En Argentina lo sucedido no ha movido ninguna acción tendente a frenar tales acciones que tienen en las redes sociales, una vía cuasi infinita de impactar en todo tipo de mentes, sin cuestionamiento alguno, envenenando de manera masiva y abriendo paso a la confrontación.
Es más, después de casi tres años de gobierno del libertario presidente Javier Milei y su motosierra, tales comportamientos, en línea con el aumento del poder de la ultraderecha posfascista en el mundo, se han hecho mas fuertes, habituales, preocupantes y peligrosos. La doctrina del país del norte, en otros tiempos impartida como doctrina de la seguridad nacional desde la Escuela de las Américas, se difunde sin recato desde la Casa Blanca. Tiempos de riesgo y de derribo de estructuras y derechos consolidados.
Ante tan peligrosa situación, un conjunto de especialistas en diferentes áreas de interés, se han unido para aportar su experiencia y sus puntos de vista en esta obra que prologo y que pretende en palabras de Ottaviano “ampliar esa visión sobre los discursos del odio, por encima de la habitual visión del ámbito penal, jurídico-legislativo, hacia lo social, político, educativo, de derechos humanos, filosófico y comunicacional”.
Reseño algunas ideas: “El intento de magnicidio contra Cristina Fernández debe leerse en el marco de una larga cadena de hostilidad pública que comparte, en su lógica comunicacional, varios de los componentes que históricamente han precedido a episodios de violencia política o genocida”, afirma Leopoldo Moreau.
Para Ezequiel Ipar, “la violencia política es la punta del iceberg de un proceso de fondo que incluye la normalización de la crueldad en el espacio público y la circulación, cada vez más fluida, de discursos que invitan a despreciar, humillar y dañar a los otros como condición para pertenecer a alguno de los fragmentos de la comunidad digital.” Y dice algo muy importante desde mi punto de vista, que es cómo la transformación tecnológica y cultural está reconfigurando las condiciones mismas en las que se forma la opinión y se construye la subjetividad política contemporánea. Como sabemos, el problema es la falta de control sobre las opiniones que se vierten o, quizás aún peor, el control de las empresas privadas que detentan la propiedad de estas redes y a las que interesa esta ceremonia de la sinrazón por motivos nunca filantrópicos.
¿Existió siempre este discurso del odio en Argentina? Carlos Ciappina considera que sí, que “ha sido constitutivo de las formas de hacer política de la derecha argentina desde los tempranos tiempos de la independencia.”
Ello tiene relación con que nunca la derecha argentina ha sido democrática, según expresa, y prueba de ello es que de inmediato, desde el gobierno al que accedieron democráticamente en 2015, “desarrollaron un sistema de persecución política –Lawfare basado en las fakes news– contra los miembros de la oposición.” Aquí Ciappina plantea la duda de si es rentable intentar dialogar con quien sistemáticamente se negará a hacerlo y que quizás sea más conveniente, dice, invertir el tiempo político en promover campañas contra el discurso del odio, desde la escuela, en la calle, con los sindicatos sin olvidar la acción desde las instancias judiciales.
Este planteamiento de construir una cultura que no deje espacio al odio me parece un trabajo a abordar sin perder tiempo, aun cuando parezca que ahora es imposible, que ya es tarde. No lo es, y es la manera cabal, progresista y democrática para enfrentarse a este monstruo que nos asola, pues, como dice Sebastián Plut en su texto, “el lenguaje de odio siempre es la antesala del pasaje al acto y por ello nuestra tarea es insistir en la palabra amorosa y genuina, no usarlas para odiar y, por ello mismo, no odiar a las palabras, pues como afirmó Freud, ‘primero uno cede en las palabras y después, poco a poco, en la cosa misma’”.
Como expongo en mi último libro La democracia amenazada. Cuando el fascismo ataca la convivencia: “En estos tiempos difíciles, cuando la desinformación se adueña de los espacios de diálogo y anula los argumentos en favor de la incertidumbre y la demagogia, es imprescindible fortalecer esta cultura de resistencia democrática… Requiere fomentar espacios de diálogo y reflexión abiertos y plurales, que resistan la tentación del simplismo y la polarización… En esta confrontación definitiva, resistir a la desinformación es también un acto de esperanza. Es la convicción de que, a pesar de las dificultades, la verdad y la justicia pueden prevalecer cuando se defienden con compromiso y coherencia. La democracia, el estado de derecho y la defensa de los derechos humanos son una necesidad vital y una corresponsabilidad de la sociedad, pero también son proyectos inacabados, pendientes de construir y de fortalecer con la participación activa y crítica de todos y todas”.
“El camino es claro: si la desinformación pretende la dominación, la sumisión y el vasallaje, la acción frente a la misma implica no rendirse, no ceder ante la manipulación ni el cinismo; fortalecer los pilares de la democracia representativa, promover valores éticos y culturales de respeto a la verdad y construir redes de cooperación y de confianza que permitan enfrentar juntos y juntas los desafíos de nuestro tiempo. Sólo así será posible preservar y renovar los fundamentos de una sociedad libre, justa y democrática”
Detener la fragmentación social
¿Qué más se puede hacer? Rocco Carbone propone dar un paso más en la historia “para impedir que la sociedad se hunda en la barbarie bestial que produce la indignidad desorbitada de la pobreza provocada por la acumulación recargada de riqueza organizada por los libertarianos -o los trumpianos o los melonianos- en favor propio y de la clase de la gran propiedad”. Para ello, indica, “es necesario agregar todas las energías positivas -de clase- del país para detener la fragmentación absoluta del lazo social impulsada por el poder de gobierno”.
Es esta una sugerencia valiente, difícil y sin duda muy necesaria. No olvidemos que el discurso del odio es la herramienta imprescindible para todas estas fuerzas que acumulan esas riquezas que pretenden ampliar mediante la eliminación de los derechos de la ciudadanía y su anulación como seres humanos. Abandonar la lucha por los mas vulnerables y optar por la aceptación del poder de las oligarquías económicas excluyentes nos conduce a la inhumanidad y a la degradación como civilización.
El papel del derecho penal ante esta situación tan grave y tan directa desde el poder hacia el pueblo que está sufriendo Argentina, es un tema fundamental a debatir que plantea José Manuel Ubeira. El dilema es serio, porque la acción sobre el lenguaje no admite caminos intermedios. Dice Ubeira con razón que “si se absolutiza la libertad de expresión hasta volverla indiferente a cualquier daño, se banaliza el poder corrosivo del discurso. Si se absolutiza la tutela penal del lenguaje, se abre la puerta a la censura y a la persecución de ideas.” Estoy muy de acuerdo con él cuando afirma que se trata finalmente de averiguar la responsabilidad que estamos dispuestos a asumir entre todos, para que el derecho no intervenga cuando ya es demasiado tarde.
Es ello tan cierto como la afirmación de Teresa Parodi, cuando recuerda que cada vez que los movimientos nacionales y populares accedieron democráticamente a la conducción del país, las fuerzas de la reacción se unieron sin miramientos ni reglas éticas ni honestidad intelectual para derrocarlos avasallando la voluntad del pueblo. Y claro que es cierta su afirmación de que habilitar el odio sin medida vuelve violenta a la sociedad.
Pero encuentra un antídoto, ni más ni menos que en la cultura. “La cultura ha sido y es refugio y camino. Es sin duda desde toda ella, y también con las armas del arte, como podremos destruir con belleza el discurso del odio.” Sin olvidar, recuerda, a los artistas comprometidos, auténtica arma letal contra la malevolencia. ¡Qué gran verdad! En nuestra vida quedan como huellas indelebles canciones, pinturas, poemas de quienes han sabido traducir en un lenguaje común el dolor infligido, la firme esperanza, la convicción en que las personas somos mejores cuando nos apoyamos, nos queremos y nos sentimos iguales (…).
En esa línea, Victoria Donda aporta unas conclusiones muy acordes con mi forma de pensar. Dice que no se trata sólo de frenar el odio, “sino de construir activamente otras formas de vínculo social. Porque allí donde el odio se naturaliza, los derechos se debilitan. Pero allí donde la solidaridad se organiza y se siente, la democracia se fortalece.” Es el camino, la acción para enfrentar el odio pasa por la solidaridad y aún más, por decir no a todo lo que elimine la libertad y los derechos de las personas, y decirlo de manera clara y rotunda. No podemos consentir un regreso hacia épocas oscuras de recuerdo infame, en las que la indiferencia reinó despóticamente y motivó millones de víctimas que continúan produciéndose allá donde se adoptan doctrinas posfascista que anulan nuestros derechos.
Conclusión
Este prólogo está dedicado humildemente a la expresidenta Cristina Fernández Kirchner, porque ha sido y siempre será un referente cierto y permanente de ciudadana y líder democrática, defensora de la memoria, de las víctimas, de la buena política, que ha dedicado toda su vida a la defensa y bienestar de las argentinas y los argentinos, de los derechos humanos, y a la que los intolerantes y las élites mediáticas, económicas y judiciales han querido y quieren aniquilar políticamente, porque los ha desnudado ante el pueblo y ha probado con dignidad sus falsas promesas e intereses espurios en contra de éste.
