El empresario detrás de Fate y Aluar

El cierre de la planta de San Fernando volvió a poner en foco el poder económico del dueño de Fate y Aluar, el papel del Estado en la industria y la tensión entre empresas, sindicatos y el gobierno de Javier Milei.

Fuente: Pagina|12

El cierre de la planta de Fate en San Fernando puso en primer plano a Javier Madanes Quintanilla,principal accionista del grupo. El empresario vinculó el cierre con la apertura de importaciones impulsada por el gobierno de Javier Milei y con la falta de protección frente a costos internos elevados.

El industricidio deja más de 900 operarios afectados y expone una paradoja: la empresa que creció bajo el impulso estatal ahora enfrenta un escenario de apertura comercial que, según su propio dueño, la dejó sin margen.

La liberalización del comercio exterior habilitó el ingreso de productos en un mercado ya golpeado por la caída del consumo. En ese contexto, Fate –el único fabricante nacional de neumáticos– quedó expuesta a una competencia más intensa.

Madanes –quien también es figura clave de Aluar, la principal fabricante de aluminio del país– advirtió que “somos un país caro en los costos y somos un país caro en los precios” y sostuvo que “si omitimos analizar que somos un país caro en los costos no vamos a encontrar nunca la solución”.

Según trascendidos periodísticos, días antes de los despidos masivos, Fate le habría vendido parte del predio donde funciona la planta de neumáticos a Aluar. Un pasamanos entre empresas del mismo propietario.

De la promoción estatal al liderazgo industrial

Fate nació en los años 40 como un pequeño taller y se transformó en una empresa de escala industrial. Su planta histórica de San Fernando, ahora cerrada, fue uno de los símbolos de esa expansión.

El propio Madanes explicó cómo ese crecimiento estuvo ligado a políticas públicas. “El Estado brindó un programa de promoción que era un diferimiento impositivo”, señaló. Y describió el esquema: “El Estado construía la represa, hacía el tendido de las líneas eléctricas y construía un puerto de aguas profundas, y la empresa construía la planta”.

El salto fue significativo. “Veníamos de una estructura de 60 personas y pasamos a una planta que estaba más cerca de las 700 u 800”, recordó. A lo largo de distintos gobiernos, el grupo recibió subsidios y estímulos, en un vínculo sostenido entre industria y política económica.

Apertura y tensiones

Hoy, el escenario es otro. Madanes cuestionó –en una nota que brindó al streaming “La Fábrica”, hace poco más de un año– que se avance en desregulaciones sin revisar primero los costos estructurales. También criticó a la dirigencia empresaria: “Las agrupaciones empresarias se han avejentado” y el sector privado “no es escuchado”.

Sobre Milei, afirmó: “Respeto la fortaleza que transmite, transmite convicción”, pero advirtió que esa convicción puede volverse “dogmática”. En esa línea, insistió: “No hay macro sin micro y no hay micro sin macro”.

En materia laboral, defendió el rol sindical: “Yo reivindico el rol del sindicalismo” y consideró que “demonizarlo es un error gravísimo”.

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