Fuertes cuestionamientos metodológicos

Los precios crecen, pero el organismo estadístico no logra dar cuenta de la mayoría de estas tendencias porque la canasta de consumo de referencia está más de veinte años desactualizada.

Por Mara Pedrazzoli – Página|12 – 15 de abril. 2026

“El Indec de Milei en Argentina calcula la inflación asumiendo que todavía vamos a videoclubs a alquilar películas, buscamos cabinas telefónicas para hacer una llamada, escuchamos música con Discman o reproductor de MP3, vamos al banco porque necesitamos un extracto de movimientos, miramos la Guía T para encontrar cómo llegar a un lugar en capital, usamos la enciclopedia de papel para consultar cosas que no sabemos…”, sintetizó en un posteo de X Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag). La publicación es elocuente y pone en relieve que el dato de inflación en este gobierno es “irreal”.

Los precios crecen, pero el Indec no logra dar cuenta de la mayoría de estas tendencias porque la canasta de consumo de referencia está más de veinte años desactualizada, corresponde a la Encuesta Nacional de los Hogares (ENGHo) de 2004/5. El organismo tenía planeado modificar la canasta sobre la base de la ENGHo 2017/18 a partir de enero de este año, pero ese proyecto quedó trunco y costó la salida de su ex presidente Marco Lavagna en medio de un escándalo político.

Ahora, como dice Serrano Mancilla, “el Indec de Milei calcula la inflación en Argentina asumiendo que vivimos en una época sin WhatsApp, sin televisión plana, sin consultas con el médico por videollamada, sin QR, sin criptomonedas,…”. Entonces los consumos propios de los tiempos que corren no son captados en la medición del IPC, como si sus precios no influyeran en el gasto cotidiano de las familias. Esos gastos se subestiman.

También otros gastos que sí están en la canasta de consumo de referencia están subestimados, porque los ponderadores son muy diferentes a los de la actualidad. Es el caso de los servicios públicos, porque cuando se construyó la ENGHo 2004/5, las tarifas de la luz, el gas y el agua estaban congeladas y fuertemente subsidiadas por lo que tenían un peso relativo muy bajo en el gasto total del hogar. Con los aumentos tarifarios de los últimos años, esto cambió radicalmente y al seguir usando la ponderación vieja, el IPC subestima el impacto de las subas de tarifas en la inflación general.

Esto ayuda mucho al Gobierno para mostrar que la inflación minorista no se mueve mucho del carril. En los últimos dos meses -que entró en vigencia el nuevo esquema de subsidios para usuarios de luz y gas- la suba de precios en el ítem de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue de 6,8 por ciento en febrero y 3,7 por ciento mensual en marzo.

Como decía el posteo en X de Serrano Mancilla, la brecha tecnológica entre el presente y los consumos de más de veinte años atrás tienen un impacto sobre el IPC porque subestima servicios que hoy son esenciales. El impacto del gasto en planes de datos móviles, servicios de streaming (como Netflix y Spotify) y plataformas de delivery tienen una presencia mínima en el índice vigente. Al no estar debidamente representados, las variaciones de precios en estos sectores tecnológicos no se reflejan con precisión en el IPC, que refiere a una canasta anacrónica.

Otra mirada crítica apunta al patrón de consumo de alimentos, que ha cambiado drásticamente en los últimos años, debido en buena parte a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. En 2004, el consumo de carne vacuna por habitante era significativamente mayor que en la actualidad: 64,7 kilos por persona versus 44,1 kilos en 2025. Este desfasaje contribuye a sobre representar el gasto en carne vacuna en el IPC, lo cual afecta negativamente a los planes del Gobierno en el sentido de que pondera más un ítem cuyo precio tendió a aumentar considerablemente en los últimos meses. El reemplazo de la carne roja por pollo, cerdo, huevos o legumbres y harinas no está siendo adecuadamente captado en el índice de inflación.