Voces en la despedida del Indio


Por Sergio Sánchez – https://www.pagina12.com.ar/ – 08 de junio, 2026

“Cuando la noche es más oscura/ se viene el día en tu corazón”, reza una de las tantas frases populares de la pluma del Indio Solari, fallecido el viernes a causa del maldito Parkinson. La frase sirve de consuelo entre tanto dolor. El pueblo lo llora. El barrio de Villa Domínico, en Avellaneda, es el lugar elegido para su despedida. El velorio arranca una hora antes, a las 10. Entonces una nueva peregrinación ocurre, la última misa. Pero con una extraña sensación: ya nada volverá a ser como antes. El poeta urbano, misterioso y popular ya no está. No volverá a escribir canciones. Pero las calles, los barrios, las paredes y los bares seguirán perfumados con su música y construyendo sentido y comunidad. Una extraña sensación es la que se siente en el aire durante toda la jornada del domingo -y quizás lunes-: una mezcla perfecta de desolación y celebración popular. Al poeta se lo despide cantando en todos los rincones de Avellaneda.

Organizado por el municipio de Avellaneda y la Provincia de Buenos Aires -que dispuso más de 1500 efectivos policiales-, al cierre de esta edición, todo se desarrollaba en un clima de respeto, calma y sin ningún tipo de incidentes. “La organización se está dando de una manera espectacular, es muy fluida. La articulación con la Provincia también fue muy buena. Pero lo que hay que destacar es al pueblo ricotero. La gente llega, saluda y se va; hay mucha cordialidad y solidaridad de uno con los otros”, dice un trabajador municipal, uno de los tantos encargados de la organización. “Hay sesenta cuadras de cola, hasta la estación Darío y Maxi. En las vallas hay un montón de voluntarios y trabajadores colaborando con la contención”, precisa. La idea de los organizadores, explican, es “respetar la decisión de la familia” de que el velatorio se extienda hasta que “entren todos” o así lo consideren. En total, son más de 400 personas las que trabajaron en la organización del último adiós al músico.

La Av. Mitre está completamente copada por ricoteros y ricoteras. También algunas calles paralelas, como Brandsen, que funciona como una especie de refugio o lugar de descanso entre tanta y tanta gente. Los accesos son dinámicos, bien señalizados y ordenados. No hay árbol en toda la avenida que no tenga una bandera colgada. “Siempre tengo a mi lado a mi dios”, dice una con los colores de Rosario Central. “En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”, se lee en un trapo gigante de Moreno que se roba todos los flashes. “¡Hay cervezas y flores!”, grita con fuerza un vendedor ambulante. “¿A cuánto el frasco?”, bromea un cincuentón para romper el hielo. Entre las ofrendas para el Indio, las flores y las remeras personalizadas son las más elegidas. “Fantasmas de juventud llegan para despedirse de mí”, se lee en un enorme mural con el rostro del Indio.

La banda de sonido de la tarde es infinita. Se escuchan “Juguetes perdidos”, “Me matan, Limón”, “Salando las heridas”, “Superlógico”, “Jijiji”, “Un poco de amor frances”, “El pibe de los astilleros”, “Etiqueta negra”… toda la discografía redonda. La peregrinación es transversal y transgeneracional, sí. De todas las edades y clases sociales. La obra de Solari atraviesa todo el sentir popular. En cada esquina se canta una canción de Solari, en ronda o hacia adentro. “Lo vine a despedir porque es una persona que se merece todo esto. Hay personas que nunca mueren. Y hoy nace la leyenda”, cuenta Leonardo de Escobar, que se crió con la música de los Redondos. “Las letras me dejan muchos mensajes. Siento que él dejó una reflexiónpara que nosotros sigamos pensando”, sostiene.

Al mediodia, ya hay veinte cuadras de fila para despedir al músico. A las 15 habrá cincuenta cuadras. A las 16, sesenta. Y así. El amor desborda. A 50 metros del ingreso al microestadio José María Gatica -que está dentro del Parque Domínico, un predio de alrededor de diez hectáreas- la gente está en silencio, apenas conversa o balbucea alguna canción, como si empezaran a caerse algunas fichas en los corazones. De pronto, una señora en silla de ruedas con un hermoso pelo blanco pasa entre la gente acompañada por dos ricoteros. “¡Abuela, abuela!”, cantan de manera espontánea mientras la abren paso entre la gente. Un rato después, el ingreso al anfiteatro recibe a los fieles. Adentro, hay unas ilustraciones en las paredes realizadas por el también dibujante. A unos metros, el cajón cerrado con el cuerpo del músico. La escena es impactante. Cada uno lo vive a su manera: silencio, gritos, llanto, desconcierto.

A la salida del microestadio los seguidores terminan de exteriorizar su dolor. Conmocionados, sin consuelo. O en shock. Algunos se sientan en la vereda a llorar. Otros se abrazan o consuelan a algún amigo o familiar. Todo ocurre en un clima de respeto, cuidado mutuo y tranquilidad. “40 años atrás tuyo”, dice un hombre de unos 60 años envuelto en lágrimas. “Indio es unión”, grita una mujer con la remera de Oktubre y recibe la aprobación colectiva. “Me hizo re mal verlo”, confiesa una chica que no supera los veinte años. Cada tanto, se escuchan aplausos cerrados y un “¡Gracias, Indio!”.

La tarde domingo es gris y la lluvia, al menos, da una tregua. Caen algunas gotas mientras una familia entera camina lento por Av. Mitre. A unos 50 metros se vuelve a escuchar música. En Mitre y Patagones, un numeroso grupo de fans y admiradores de Solari improvisa una ronda alrededor de un pibe que carga un parlante en sus hombros. “Y el mundo sigue girando/ Aún sin tu amor”, cantan con pasión. El pogo se pone electrónico con “El charro chino” y los abrazos húmedos regresan cuando suena “Encuentro con un ángel amateur”, una de sus tantas canciones de despedida, como “La oscuridad”, de su último disco de estudio, El Ruiseñor, el Amor y la Muerte (2018).

Imposible pensar en otra personalidad de la cultura popular, más allá de Diego Maradona o Eva Perón, con la posibilidad de generar este nivel de impacto social en su despedida de este plano terrenal. Y menos que reúna a miles, miles y miles de personas provenientes de todo el país en un mismo lugar, en una misma tarde fría de otoño. Solo el Indio Solari puede lograr eso en esta época tan atomizada, efímera e individualista. “Olé, olé, olé, olé, Indio, Indio”, se repite como en loop en la despedida eterna. Al cierre de esta edición siguen llegando ricoteros y ricoteras de todo el país. La palabra que más circula es “Gracias”. Gracias, dicen, por hacer de sus vidas un lugar más bello. Gracias por la rebeldía, gracias por el fuego. Cuando el fuego crezca todos estarán allí.

Temas en esta nota: