Trump inauguró su “Escudo de las Américas” con doce presidentes afines de América Latina y el Caribe. La cumbre del sábado 7 de febrero se centró en el “crimen organizado, la inmigración ilegal y la injerencia extranjera” en el continente.

Por Redacción– Fuente: Haciendo camino – 9 marzo, 2026

Donald Trump ha logrado una foto de la cual nuestro país, tristemente, ha sido parte. El presidente estadounidense ha trazado una estrategia basada en “recuperar el hemisferio” y aislar a China para frenar su crecimiento. Ambos objetivos deben darse en simultáneo. Lo que está en disputa no es otra cosa que la hegemonía global y Argentina a contramano de su tradición, está tomando partido.

El Escudo de las Américas no incluye a Venezuela

Un día antes de su captura, Nicolás Maduro se encontró en Miraflores con Qiu Xiaoqi, un enviado especial del gobierno chino. En dicho encuentro, al menos para la tribuna, se reafirmaron valores estratégicos medulares de la “relación bilateral”: China aseguraría la soberanía venezolana, Venezuela sostendría su acuerdo comercial de abastecimiento de petróleo barato.

Maduro aseveró en lo que sería su último mensaje como Presidente, que se trata de una “Alianza a toda prueba”. Esto ocurrió el 3 de enero del corriente, y hasta el momento es la última publicación que podemos ver en las redes sociales del mandatario cautivo. Por el contrario la Presidenta interina Delcy Rodríguez, recibió hace 4 días al Secretario del Interior de los Estados Unidos Doug Burgum, junto al cual destacó el reinicio de las relaciones bilaterales con el país del Norte, basadas por supuesto en el abastecimiento de petróleo venezolano.

No es un dato menor que sea el Secretario del Interior, y no el Secretario de Estado, quien reanude las relaciones. En conclusión, Estados Unidos despojó a China de uno de sus principales aliados en la Región. Más bien diría a esta altura, no un aliado -condición que se da entre iguales- sino más bien, Trump le arrebató un subordinado en América Latina. El Escudo de las Américas no incluye a Venezuela.

Por otro lado, Trump avanza rápidamente sobre otro proveedor de petróleo de China: Irán. Ayer en una jornada agitada, Estados Unidos e Israel golpearon fuertemente cuatro plantas de petróleo y un centro de logística iraní. En junio de 2025, destruyeron tres plantas nucleares, lo que desembocó en una fuerte escalada principalmente con Israel, quien destruyó infraestructura energética sensible y ésto agravó aún más la crisis energética que hacia diciembre de ese año casi desestabiliza el régimen político iraní. El Gobierno iraní habla de 3.100 civiles muertos en la represión que se vivió a principios de este año. Estimaciones privadas hablan de 30.000. En cualquier caso, una represión interna costó más vidas que el intercambio misilístico.


China y su dependencia energética

Por su parte, China necesita 16 millones de barriles de petróleo por día. Su industria sencillamente no sobreviviría sin este insumo, del cual 11 millones de barriles provienen del extranjero. La obstrucción del abastecimiento no es una impronta que haya nacido con Trump. Este desafío geoestratégicon, que es fundamental para el sostenimiento de una posición hegemónica por parte de Estados Unidos, viene siendo un tema central de discusión en los centros de estudios de política internacional norteamericanos desde principios de los años 2000, cuando ya se divisaba la inevitable expansión China.

China intenta diversificar su cartera de proveedores, destacando desde la guerra de Ucrania a la fecha a Rusia como principal proveedor. Irán es el tercer proveedor más importante de crudo a China. Pero los datos son solapados. El gigante asiático compra petróleo iraní vía Malasia y otros intermediarios para evadir sanciones de Estados Unidos.

«El 20% de los hidrocarburos que importa China, vienen de Rusia. Se estima que entre el 13 y 14% de las importaciones de crudo de China provienen de IráN».

Otros proveedores importantes son Arabia Saudita e Irak, y la mayoría de ese petróleo viaja por el Estrecho de Ormuz, el cual tiene actualmente obstruido Irán. Arabia Saudita por su parte tiene la alternativa de enviar el crudo por el oleoducto East-West y sacarlo por el puerto de Yanbu por el Mar Rojo. Allí proxys hutíes que responden a Irán esperarán las embarcaciones en el Estrecho Bab al-Mandab en las costas de Yemén.

El escenario al que se lanzó Trump en Oriente Medio es de lo más complejo y entrelazado -y eso que no empezamos a desarrollar la trama chiíta-sunita que enmaraña aún más la fotografía-. China, en la superficie, viene manteniendo una postura cauta, limitándose a expresiones protocolares de advertencia y llamados al diálogo y la paz. Pero por dentro, están calculando daños y escenarios que, de mantenerse la estructura de aranceles que propicia Trump, más el aumento de los costos energéticos, deberá actuar más temprano que tarde para sostener su posición global.


Entonces, ¿qué significa este Escudo?

En ese contexto, Trump debe asegurarse el “patio trasero”. En la década del 2000 cuando Bush hijo decidió enfocarse en Afganistán y luego Irak, desatendió América Latina. La recordada Cumbre de las Américas en Mar del Plata fue por lo pronto, el corolario del gran fracaso estadounidense en su propio Hemisferio. Esa década se caracterizó por el fin de las políticas neoliberales. Ese escenario no fue ajeno a la incipiente disputa sino-americana. China compraba medios de comunicación, trazaba lazos fundados en préstamos de honor para obras de infraestructura y se convertía en el principal socio comercial de varios países de la región (Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Chile, Argentina, Venezuela).

Los PBI de la región crecían a tasas chinas, y la inversión en infraestructura modificaba los mapas regionales de manera sustancial. Argentina en ese contexto, impulsado por el alza de la soja y una creciente demanda, tuvo una balanza comercial positiva desde 2002 hasta 2008 con China. Algo que no se volvería a repetir, sino todo lo contrario.

A medida que los gobiernos populares de la región profundizaban la dependencia económica, profundizaban también la dependencia política. Y esto llevó a grandes concesiones, como es el caso de la base aeroespacial china en Neuquén, la cual genera hasta hoy tensiones diplomáticas con Estados Unidos.

Volviendo al Escudo de las Américas y porqué lo catalogo como un error garrafal de este Gobierno. Representa una alianza defensiva útil solamente para Estados Unidos, la foto de 13 países americanos de ayer, representa en realidad 12 países débiles subordinados a Estados Unidos. No es otra cosa más que una carta de sumisión. Representa sólo 15.227.882 km² de los 42.549.000 km² del continente Americano. Faltan en esa foto ni más ni menos que Canadá, México, Brasil, Colombia y Perú. Los tres primeros decimos: los únicos bastiones de soberanía real en el continente. Brasil y Perú, principales socios comerciales de China.

Si hablamos de nuestra proyección sobre el Atlántico Sur, condición medular de la geopolítica Argentina para la supervivencia de nuestro Estado, definitivamente estamos del lado equivocado.

Entonces, ¿qué significa este Escudo? Es un Escudo para Estados Unidos. Los compromisos de cooperación en Defensa implican consolidar bases militares de Estados Unidos en todo el continen de te. Argentina volverá a tener bases en el Hemisferio Sur del principal aliado de quien aún ocupa nuestro espacio soberano. Las tensiones naturalmente empujarán al Gobierno a desvincularse políticamente de China, y eso traerá consecuencias comerciales. Quien fue un socio capaz de darnos un superávit de divisas vitales para nuestro crecimiento hoy nos somete comercialmente a un déficit de U$D 6,6 mil millones (último interanual disponible de INDEC). Esto puede intensificarse en un escenario de mayor distancia política.


Argentina y una relación pendular de dependencia

Argentina está ingresando en una relación pendular de dependencia, de Estados Unidos a China según quién gobierne. Una tradición en la diplomacia Argentina es la no alineación. Cada vez que Argentina transgredió esta norma de conducta obtuvo consecuencias perjudiciales al poder nacional. Para pensar una foto como la de ayer, hubiera sido imposible con estadistas como Roca, Perón o Illia.

Finalmente, otro objetivo visible de Estados Unidos es reorientar los esfuerzos en Defensa del Hemisferio: los Estados deben enfocarse en el narcotráfico y el terrorismo. Problemas que deberían ser de otro orden, no militar. En la tradición progresista Argentina, pensar en la intervención de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interior (o narcotráfico), es sinónimo de pánico político. Entonces en ese sentido, cuando se discuta la nueva política de Defensa, vamos a ver un debate inocuo entre una posición liberal subordinada al interés norteamericano, frente a una posición progresista que rechaza toda intervención militar en política interna. Y el debate de ninguna manera es ese.

Si el problema de la densidad represiva es la intensidad en el nivel de uso de la fuerza, se puede -como de hecho se hace- intensificar los niveles de entrenamiento y el equipamiento de las fuerzas de seguridad en grupos de operaciones específicos. Pero la consecuencia real de la degradación de las Fuerzas Armadas a un combate contra el narcotráfico, es sencillamente eso: una degradación. Es desarticular las capacidades defensivas de un Estado a la hora de enfrentar a otros Estados. No es necesario munir de misiles, submarinos, defensa antiaérea o antimisilística porque de eso se ocupa el patrón del Hemisferio. Al contrario, se degrada a los soldados del Ejército sanmartiniano a una función de fuerzas especiales de frontera.

Tal es el mayor éxito estratégico del gobierno republicano: desarticular amenazas, asegurar zonas de influencia, encarecer el comercio y la producción de su único rival en la disputa por la hegemonía global: China.


autor: Pedro Pablo, secretario general de SITRAJUR (Sindicato de Trabajadores Judiciales de Río Negro) segunda circunscripción