Por Gustavo Campana – Fuente Página|12 – 13 de abril, 2026

En medio de los recuerdos que siempre se amontonan en cada abril, apareció el ministro de Defensa argentino, que afirmó que el hundimiento del ARA General Belgrano fue un “acto” y no un “crimen” de guerra. Justificó a Margaret Thatcher al jurar que la vieja nave sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial estaba en combate. Habrá entonces que contar todo lo que sucedió aquel 2 de mayo de 1982, con la rigurosidad histórica que no tuvo el uniformado, cuando indultó a la primera ministra británica de más de 300 asesinatos.

El ataque de los Sea Harrier a Puerto Argentino del sábado 1º de mayo abrió las puertas de una guerra de 45 días. Al día siguiente, el presidente de Perú, Belaúnde Terry, dialogó telefónicamente con Galtieri en horas de la madrugada. Le comunicó que había una nueva propuesta de paz, negociada con Alexander Haig. El dictador hizo algunas correcciones y se mostró de acuerdo. Horas más tarde, Belaúnde Terry dio una conferencia de prensa, en la que anunció que la paz sería inminente.

Esa tarde, Gran Bretaña terminó con cualquier tipo de negociación. Thatcher mató a la paz cuando dio la orden al Conqueror de torpedear y hundir el crucero General Belgrano, que estaba fuera de la zona de exclusión establecida por Londres. La conservadora necesitaba la guerra para que su gobierno continuara de pie, después de la crisis económica y social del 81. Para ella, la paz nunca fue una opción.

Cuando los ingleses dispararon, también enviaron al fondo del mar el plan de Belaúnde Terry, basado en cinco puntos: 1) Retiro simultáneo y mutuo de las fuerzas; 2) Presencia de representantes ajenos a las dos partes involucradas en el conflicto para gobernar las islas temporalmente; 3) Los dos gobiernos admitían la existencia de posiciones discrepantes sobre la situación de las islas; 4) Ambos países reconocían que los puntos de vista y los intereses de los habitantes locales debían ser tomados en cuenta en la solución definitiva del problema y 5) El grupo de contacto que intervendría de inmediato en las negociaciones para implementar este acuerdo estaría compuesto por Brasil, Alemania Federal y Estados Unidos.

El Belgrano no era en ese momento un peligro militar para la flota británica, estaba a más de 300 millas de la ella y regresaba al continente argentino.

En el hundimiento murieron 323 hombres, casi la mitad de la totalidad de las bajas en todo el conflicto (649). Un crimen de guerra por motivos estrictamente políticos, no por razones paridas por el ajedrez militar.

El 1º de mayo le ordenaron al Belgrano que navegara hacia el Este. La Marina recibió la información del avance de la flota inglesa, dividida en dos y proyectó el ataque sobre el contingente menor. Ante el intento de desembarcar, iban a aparecer por el noreste el 25 de Mayo, rodeado por el Santísima Trinidad, el Hércules y algunas corbetas misilísticas. El otro brazo de la pinza lo iban a constituir el Belgrano, con el Bouchard y el Guerrico, dos corbetas que, como el crucero, no contaban con detección antisubmarina.

El 2 de mayo, los ocho aviones argentinos atacarían a las 6 de la mañana, con ocho bombas cada uno.

Mientras la batalla estaba a punto de comenzar, las negociaciones de Belaúnde Terry avanzaban y retrocedían. Finalmente el clima impidió que se llevara a cabo el plan argentino. Noche de luna y “mar de aceite”, sin olas en el Atlántico Sur. Cerca del amanecer, casi viento cero. El catapultaje con todo el combustible y la carga de explosivos necesitaba vientos de 15 nudos, más la velocidad del portaaviones para un despegue normal. A la hora señalada y producto de la calma de la naturaleza, los aviones podían salir solo con dos bombas.

Las condiciones casi perfectas se dieron recién en horas del mediodía, pero la autorización de atacar no apareció. El grupo de buques argentinos que lideraba el Belgrano por el sur marchaba sin cobertura y hacía casi una semana que los submarinos Spartan y Splendid los tenían en la mira.

Cerca de las 16, en el 25 de Mayo recibieron la noticia del ataque al crucero. El hundimiento se produjo a 54 grados 25 minutos de latitud sur y 61 grados 32 minutos de longitud oeste, 36 millas fuera de la zona de exclusión marítima fijada el 28 de abril por Londres a través de su Ministerio de Defensa, ratificando lo dispuesto el 12 del mismo mes. Círculo con radio de 200 millas náuticas a partir de los 51 grados 40 minutos de latitud sur y 59 grados 30 minutos de longitud oeste.

Aquella tarde del 2 de mayo de 1982 murieron en el Belgrano tres oficiales, un suboficial mayor, un suboficial primero, 36 suboficiales segundos, 45 cabos principales, 28 cabos primeros, 77 cabos segundos, 28 marineros, 102 conscriptos y dos civiles.

El 25 de Mayo no volvió a entrar en acción. El portaaviones fue el gran fantasma del Atlántico. Entró a puerto después del hundimiento del Belgrano y jamás volvió a salir.

24 de mayo de 1982: debate televisivo entre la escritora Diana Gould y la primera ministra británica.

–Señora, ¿por qué dio las órdenes de hundirlo, cuando la nave argentina estaba afuera de la zona de exclusión y de hecho abandonando las Malvinas?

–No estaba abandonando las Malvinas, estaba en un área donde representaba un peligro para nuestras naves y para la gente a bordo. Advertimos a fines de abril que representaba un peligro. Mi tarea consistía en cuidar nuestras tropas, nuestras naves y nuestra flota y Dios mío, he vivido con tantas ansias estos días y estas noches.

–Pero señora Thatcher, usted comenzó su respuesta diciendo que la nave no estaba abandonando las Malvinas. El Belgrano ya estaba navegando hacia el oeste, en una orientación de 280 grados de las Malvinas. Así es que no puedo entender, cómo usted puede decir que no estaba abandonando las Malvinas.

–Cuando fue hundido era un peligro para nuestras naves.

–Al dar las órdenes para hundir al Belgrano, cuando estaba abandonando las Malvinas, estaba saboteando cualquier tipo de negociación o de una solución pacífica y tuvo 14 horas en las cuales pudo considerar el plan de paz de Perú. En ese lapso, las órdenes de hundir al Belgrano pudieron haber sido anuladas.

–Esos planes de paz de Perú nunca llegaron a Londres hasta después del hundimiento del Belgrano.

En aquel 1982, Argentina tenía marinos expertos en cazar civiles en tierra firme, barcos de la década del 40 y solo tres buques nuevos (Santísima Trinidad, Hércules y Granvielle). Se sumaban desde su longevidad el Belgrano (bautizado como Phoenix, buque que salió ileso del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941) y el portaaviones 25 de Mayo (nacido como el Karel Doorman, que integró la Armada Real de los Países Bajos entre 1949 y 1969 y que luego como Venerable, antes había sido parte de la Marina Real británica entre 1945 y 1949).

Un teniente general convertido en ministro de Defensa le disparó a la verdad histórica con los mismos torpedos con los que el Conqueror terminó con el viejo Crucero. Posiblemente por un encargo invisible del presidente “argentino”, que conserva en su despacho la foto de Margaret.