Marco Rubio en Sudamérica: entre el narcoterrorismo y las tierras raras
Por Daniel Kersffeld – Fuente: https://www.pagina12.com.ar/ 15 de septiembre, 2026.
Desde Quito
La reciente gira de Marco Rubio por Sudamérica, entre el 8 y el 10 de septiembre, constituyó una nueva demostración de poder frente a los gobiernos aliados de la región. Se trató de su primera visita como secretario de Estado a Colombia y a Perú, en ambos casos, con nuevos gobiernos ideológicamente alineados con la Casa Blanca, en tanto que fue la segunda vez que aterrizó en suelo ecuatoriano, consolidando así una relación privilegiada con la pequeña y altamente influenciable nación andina.
Mediante la Doctrina Trump, Rubio apunta hoy a consolidar el influjo decadente de Washington en áreas tan diversas como el combate al terrorismo y la búsqueda de tierras raras, valiéndose del Escudo de las Américas como instrumento idóneo para hacer efectivo su poder.
El primer destino fue Barranquilla, ciudad del Caribe colombiano, en donde Rubio fue recibido por el nuevo presidente Abelardo de la Espriella, el ultraderechista que se define como el mejor híbrido entre el neoliberalismo radicalizado del argentino Javier Milei y el punitivismo extremo del salvadoreño Nayib Bukele.
El secretario de Estado se mostró esperanzado en que el encuentro fuera útil para materializar “la nueva posición de Colombia en materia de seguridad fronteriza y contra la inmigración ilegal”, dos de las principales aspiraciones de la nueva generación de mandatarios trumpistas que hoy amenaza con hegemonizar a toda la región. Esperando que fluyan los recursos como ocurrió en los años del Plan Colombia, Rubio se refirió a la actual como una “época dorada” en la relación bilateral, que había caído a niveles mínimos durante la pasada presidencia de Gustavo Petro. Pero de la Espriella fue claro cuando solicitó recursos tecnológicos y no necesariamente soldados: con más sofisticación, el dispositivo de seguridad en Colombia deberá centrarse ahora en la IA.
El viaje de Rubio adquirió una especial connotación geopolítica durante su breve estancia en Perú, país que tiene una posición estratégica en el Pacífico y que mantiene sólidos vínculos comerciales tanto con Estados Unidos como con las economías asiáticas, principalmente, con China.
El gobierno de Keiko Fujimori fue enfático al declarar su interés en sumar a Perú al Escudo de las Américas, quizás, como una forma de balancear sus fuertes intereses comerciales con China, que ha financiado enormes obras de infraestructura como el megapuerto de Chancay, ubicado a menos de 100 km al norte de Lima. Antes que una mayor cooperación en seguridad, el objetivo de Estados Unidos apunta a fortalecer su presencia económica, y también política, en un país en el que hoy confluyen las principales tensiones internacionales del eje del Pacífico. Washington no la tiene fácil frente a un empresariado peruano que siempre mira con simpatía a Beijing.
De los tres países visitados, el de presente más complejo y futuro más incierto es Ecuador: su presidente, Daniel Noboa, es el “principal aliado” para enfrentar “amenazas criminales transnacionales”, según declaró Rubio, en un país que, por estas horas, también es el principal campo de experimentación para los intereses muchas veces oscuros de los Estados Unidos.
Washington y Quito ejecutan la lucha antidrogas con reglas similares a las de un conflicto armado, con activos militares estadounidenses combatiendo directamente en territorio ecuatoriano, en buena medida, gracias a la definición como “organizaciones narcoterroristas” de Los Lobos, Los Choneros y Los Chone Killers, a los que últimamente se han sumado también Los Tiguerones, considerados desde el norte como un eslabón clave en el tráfico internacional de cocaína.
Con excepción de México, Ecuador es el país con mayor cantidad de bandas delictivas, siempre según los particulares criterios del Departamento de Estado que, de ese modo, genera una narrativa idónea y legitimante para el desenvolvimiento abierto, tanto del ejército como del Comando Sur, en lo que hoy es su principal enclave militar en toda Sudamérica.
Los militares estadounidenses, con apoyo de las fuerzas locales, han hundido en las últimas tres semanas a, al menos, seis pequeñas embarcaciones acusadas de colaboración con el narcotráfico. En tanto que siete organismos internacionales han denunciado el 10 de septiembre el avance de la represión y la militarización del gobierno, la criminalización de la sociedad y un “deterioro acelerado” de las condiciones para defender los derechos humanos y de la naturaleza en Ecuador, bajo amenaza también por prácticas extractivistas controladas por mafias locales, con la complicidad del gobierno, y para su aprovechamiento económico por empresas transnacionales.
Más allá de la lucha contra el “narcoterrorismo”, resultó claro además que la gira del alto funcionario de la Casa Blanca, respondió a intereses económicos y estratégicos, sobre todo, en la permanente confrontación comercial, pero, principalmente, geopolítica, contra China.
Hoy más que antes, los minerales, las tierras raras y la generación de energía nuclear conforman una agenda de creciente gravitación en las relaciones bilaterales entre las naciones sudamericanas y los Estados Unidos, que afanosamente buscan consolidar nuevas fuentes de abastecimiento y cadenas de suministro para su tecnología de vanguardia y su insaciable industria bélica.
El objetivo de la Casa Blanca resulta prioritario si, además, se toma en cuenta que, actualmente, China concentra cerca del 60% de la extracción y el 90% del procesamiento de tierras raras existentes en todo el planeta para asegurar su predominio en materia científica y tecnológica.
El Memorando de Entendimiento sobre Minerales Críticos, firmado en Washington en febrero pasado, entre el gobierno de Estados Unidos y los representantes de 54 países, entre los que se encuentran Ecuador y Perú, apunta a nutrir a la economía de la principal potencia con recursos estratégicos para la producción, entre otros, de turbinas eólicas, motores de vehículos eléctricos, pantallas planas, teléfonos móviles, computadoras y sistemas de defensa. Los primeros resultados del acuerdo deben ser visibles en los primeros seis meses a partir de la firma del memorando: un motivo claro para una gira sudamericana que revela necesidad y premura.
Respecto a Perú, Estados Unidos ha impulsado inversiones de alto valor en sectores estratégicos claves como el minero. El país, tercer mayor productor mundial de cobre, ya exporta ocho minerales considerados estratégicos para la transición energética. En mayo de 2026, Washington y Lima firmaron un acuerdo para impulsar de forma conjunta las inversiones privadas y estatales en los sectores de energía, minería e infraestructura. Para la Casa Blanca, la vinculación con Perú resulta determinante, más aún, frente a un gobierno ambiguo y con el que no termina de coincidir.
En Colombia, Rubio y De la Espriella firmaron un acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras que abre espacios de “cooperación” en conocimiento geológico, exploración, procesamiento, financiamiento y desarrollo de proyectos. Paralelamente, ambos gobiernos suscribieron otro memorando sobre energía nuclear. Pero todo indica que hoy el centro de atención es el tungsteno, hasta ahora dominado por China: el descubrimiento de un yacimiento en Caldas podría cambiar en el corto plazo el mercado global de un recurso clave para la industria aeronáutica y de la defensa.
En tanto que en el sur del Ecuador se han encontrado concentraciones por encima de lo normal de elementos químicos como el cerio, el itrio, el gadolinio, el iterbio y el tulio. En otras regiones se ha hallado monacita y diversos cristales de importante uso para la industria. La reciente modificación de la Ley Minera, sumada a la firma del Memorando, posibilita una rápida explotación de estos recursos, permitiendo que un país con potencial geológico aún poco explorado se convierta en una eventual fuente de recursos para los Estados Unidos.
Frente a la presencia de China en la región, y ante la creciente importancia estratégica de Sudamérica, todo indica que la principal preocupación del Secretario de Estado es sumar lo antes posible a Colombia y Perú a la “Pax Silica”, una alianza de la que ya forma parte Ecuador, centrada en la inteligencia artificial, los semiconductores y los minerales críticos y que, desde Washington, se apunta a consolidar lo antes posible como una nueva “Pax Romana” para el siglo XXI.
La Doctrina Trump se revela así en su máxima expresión, con el objetivo de conformar una nueva civilización en un mundo en crisis, y donde ya estarían predefinidos tanto el patio trasero como los principales centros de abastecimiento para su expansiva metrópoli.
