Milei llevó la relación con Brasil a un clima de “guerra fría”
La decisión de la Casa Rosada de involucrarse en la fuga de Bolsonaro está desmoronando el sistema de confianza entre ambos países. La posible ruptura total de relaciones.
Por Paula Marussich – Fuente: https://www.pagina12.com.ar/ 30 de octubre de 2026.
La relación bilateral entre Argentina y Brasil atraviesa su peor momento en 40 años. La colaboración del gobierno de Javier Milei en la fuga de Flávio Bolsonaro, requerido por la justicia de ese país, es un episodio de inusitada gravedad que erosiona todavía más el vínculo solo para congraciarse con Estados Unidos. Así, el sistema de confianza mutua que ambos países construyeron y que incluyó acuerdos de cooperación nuclear se transformó en un sistema de sospechas y operaciones de inteligencia. Lejos de convertirse en el líder global de la derecha que aspiraba a ser, Milei quedó políticamente aislado y convirtió a la Argentina en el único país de la región que no reconoció el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva. Se abre un abanico de posibilidades que podría ir desde el retiro permanente de los embajadores hasta la ruptura total de relaciones, una decisión de enormes consecuencias jurídicas, económicas y comerciales. Una vez más, la subordinación de la administración libertaria a Washington compromete los intereses estratégicos de la nación.
“Recuerdo con nostalgia los tiempos en que diferencias circunstanciales entre nuestros países se discutían y se solucionaban de manera civilizada y republicana”, escribió el presidente brasileño en su cuenta de X. Lula eligió responder al saludo de Mauricio Macri para marcar su malestar con Milei, pero se guardó las próximas cartas. “No va a responder hasta que no sepa qué va a hacer Estados Unidos”, explicó a Página/12 una fuente diplomática que mantiene diálogo permanente con Itamaraty.
El gobierno brasileño sigue con atención los próximos movimientos de Estados Unidos antes de fijar una postura. En el Ministerio de Relaciones Exteriores carioca barajan tres hipótesis. La primera, que consideran la menos probable, es que Washington desconozca el triunfo de Lula y promueva a Flávio Bolsonaro como presidente, en una reedición de la operación Guaidó. La segunda es que Trump cuestione la transparencia de los comicios y le mantenga el asilo a Bolsonaro, pero reconozca al presidente electo. La tercera es que Estados Unidos evite una escalada y preserve el vínculo con Brasil. Al cierre de esta edición, el diario Folha de S. Paulo informaba que la Embajada de EE. UU. en Brasilia destacó en un informe la victoria “definitiva” de Lula.
“Lo que haga Estados Unidos es clave porque marca lo que también va a hacer la Argentina”, explica el diplomático y revela un comentario que recorre los pasillos del Palacio San Martín. “El vicecanciller es Quirno, porque el verdadero ministro es Marco Rubio”. El chiste, que apenas expone la delegación de la política exterior nacional que implica, en los hechos, el alineamiento serial con Estados Unidos. “Es sin dudas el peor acontecimiento de intervención en la historia de las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil”, planteó Bernabé Malacalza, investigador independiente del Conicet.
En un ensayo publicado en Anfibia, Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian analizaron el papel de la Argentina como proxy de Trump en la región. Para los especialistas, la avanzada intervencionista no terminó con las elecciones brasileñas. Tras el triunfo de Lula, busca deslegitimar a su gobierno con denuncias de fraude y persecución política, mientras facilita la fuga del candidato derrotado. La subordinación argentina adquiere una nueva dimensión. El gobierno de Milei cede su política exterior a una trama transnacional que interviene en los asuntos internos de Brasil.
De los escenarios mencionados se desprenden las consecuencias que podría tener para nuestro país haber colaborado en la fuga de Flávio Bolsonaro. Una operación que incluyó a funcionarios de la SIDE, Migraciones, Aduana, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y el Ente Binacional Yacyretá para favorecer a un aliado político. El Gobierno debería explicar qué hizo cada funcionario, bajo qué autoridad y con qué fondos. Página/12 supo que, a pesar de no tener embajador operativo en Brasilia, el canciller Pablo Quirno ordenó mantener la embajada argentina abierta toda la noche de la fuga por si algo fallaba y Bolsonaro requería un refugio.
Las fuentes consultadas coinciden en que la participación argentina en el plan digitado por Washington empeorará el vínculo. Desde julio, las dos embajadas permanecen abiertas, pero funcionan al nivel de encargados de negocios, con ambos embajadores fuera de sus destinos. El representante brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, fue llamado a consultas en julio y su regreso quedó suspendido por tiempo indeterminado tras los insultos de Milei a Lula da Silva y al juez Alexandre de Moraes. Durante la Convención Nacional del Partido Liberal en São Paulo, el mandatario argentino respaldó la candidatura de Flávio Bolsonaro, llamó a Lula “ladrón” y “presidiario” y calificó a De Moraes como una “basura calva”.
Antes de avanzar hacia una ruptura de relaciones, el gobierno brasileño podría disponer el retiro definitivo de su embajador. La medida consolidaría la reducción de la representación diplomática y es, en los hechos, una de las señales de protesta más severas antes de una ruptura formal.
El siguiente escalón es el estadio final e implica la ruptura total de relaciones. Una medida de enormes consecuencias políticas, jurídicas, económicas y comerciales para dos países interdependientes como lo son Argentina y Brasil. Los analistas consultados creen que es un escenario “poco probable”, que solo se activaría si Estados Unidos “juega fuerte contra Brasil”. “La principal dificultad que Brasil tiene para ir en contra de Argentina es que los que no cargaron en el sistema internacional una alerta de Interpol fueron ellos”, explica a este diario una fuente vinculada a Migraciones.
En el medio hay otras opciones. Brasil podría denunciar a la Argentina ante el Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur (TPR). El órgano actúa como la máxima instancia arbitral para resolver disputas entre los Estados parte del bloque. O llevar el caso al Foro de Consulta y Concertación Política (FCCP) del Mercosur, citando la violación del Acuerdo de Extradición y Asistencia Judicial Mutua del Mercosur. Ese acuerdo obliga a los países miembros a colaborar en la detención y entrega de personas requeridas por la justicia.
Brasil podría, además, presentar una controversia política y diplomática dentro del bloque por incumplimiento grave de los compromisos de seguridad fronteriza, auxilio judicial y cláusulas de cooperación. “La política exterior de Quirno convirtió a la relación entre dos pueblos hermanos como Argentina y Brasil en un vínculo de sospecha y enemistad como el que tienen Azerbaiyán y Armenia. El ideologismo y seguidismo zonzo del gobierno de Milei nos ponen en clima de ‘guerra fría’ con nuestro principal socio comercial”, aseguró a este diario una fuente de larga data en Cancillería.
El colaboracionismo de la Argentina con Estados Unidos podría aumentar además la desconfianza del resto de los países de la región. Para el diputado y excanciller Jorge Taiana, “lo que queda claro es que el gobierno de Milei no tiene palabra, que hace cosas ocultas, que opera con la CIA en operaciones opacas y poco apegadas a la tradición diplomática de hermandad entre los países y todo eso no redunda en aumentar la confiabilidad del gobierno argentino, sino en todo lo contrario”. El presidente de la Comisión Permanente del Mercosur, Eduardo Valdés, expresó por último la “vergüenza” que da como país “que hayamos sido los que promovimos y facilitamos la fuga de Bolsonaro”.
