Por Gustavo Campana – Fuente: https://www.pagina12.com.ar/ 7 de septiembre, 2026.
La Constitución liberal de 1853 no fue fruto del consenso, no nació producto de la unidad nacional. Ni siquiera fue el resultado de una discusión entre las dos fracciones en las que estaba dividida la política argentina de mediados del siglo XIX. Surgió como resultado de una victoria militar, con la renta aduanera en el centro de la escena.
Por lo tanto, la primera Carta Magna es hija de una familia donde convivían todos los actores de la derecha local en proyección, encarnados en aquel momento por unitarios, el capital concentrado y terratenientes. Cuando la redactaron en soledad, creyeron que el enemigo había desaparecido para siempre. Fue escrita por los patrones, que pensaron ser los dueños a perpetuidad de la Argentina. Era imposible para ellos sentirse amenazados por la inimaginable Ley Sáenz Peña, que comenzó a operar en las elecciones de 1916 para votar sin trampas por primera vez.
Tomaron una decisión fundamental para asegurar que, en caso de emergencia, siempre contaran con uno de los tres poderes. Dos elegidos de manera directa por el pueblo y el restante saldría fruto de una decisión indirecta manejada por el poder real. Ante la posibilidad de un naufragio, los pasajeros de primera clase siempre tendrían un lugar en los botes salvavidas.
“Hacete amigo del juez y no le des de qué quejarse” y “Obedezca el que obedece y será bueno el que manda”, son recomendaciones de “La vuelta de Martín Fierro”, escritas 26 años después del nacimiento de la Argentina constitucional. Versos que hablaron muy temprano de un país que en manos de la derecha sería injusto sin remedio, para que el margen de ganancia empresaria se amparara en la falta de derechos. En síntesis, el Poder Judicial como guardaespaldas del privilegio y la impunidad como generadora de gobernabilidad.
En el país de presente libertario, a 173 años de aquellos consejos de Juan Baustista Alberdi, una familia se endeuda para comer utilizando su tarjeta de crédito. Paga los mínimos para seguir adelante e ingresa en una bola de nieve de intereses, que le roba un porcentaje muy alto del salario. Luego toma préstamos para pagar capital e intereses del plástico. Cuando ante la multiplicación de mangazos se le cierran las puertas institucionales, sale a buscar más combustible en las distintas ventanillas de la usura no oficial. Paralelamente, el banco vendió la cartera de deudores a un perverso estudio de abogados que persigue al pobre deudor a su domicilio, al laburo y en algunos casos, cruzando base de datos, le reclama la deuda a su empleador. Milei dice que es un asunto entre privados y que el Estado no va a solucionar la compra irresponsable de televisores para ver el último Mundial y, por supuesto, la Justicia se prepara para fijar sentencia dentro de una década, ante las denuncias de damnificados que necesitan ayuda urgente.
En el país de presente libertario, un expresidente de la Nación es absuelto por haber hipotecado dos o tres generaciones que no nacieron, obteniendo del FMI a mediados de 2018 un préstamo por 57 mil millones de dólares (el más grande de todos los otorgados por la entidad, desde su nacimiento en 1944), del que ingresaron 45 mil millones.
Un salvataje pedido por Mauricio Macri cuando nuestra deuda con el organismo estaba en cero, producto del pago total del gobierno de Néstor Kirchner, con reservas, de 9500 millones que el país debía entre 1958 y 2003.
Miércoles 29 de agosto de 2018. El mensaje duró exactamente un minuto 42 segundos. El texto más corto de la historia económica argentina se sumó a la consolidación de la dependencia política. La Biblia del macrismo bautizó al nuevo “abrazo del oso”, como un “financiamiento preventivo”.
Después de destruirlo todo en tiempo récord, Cambiemos le entregó las llaves de la Rosada al Fondo. Macri anunció desde Olivos que el FMI giraría 29.000 millones de dólares hasta 2019 partidas que estaban previstas originalmente para 2020 y 2021.
El presidente afirmó que con esos verdes en el bolsillo buscaba “fortalecer la confianza y retomar el sendero de crecimiento lo antes posible”. En realidad, el monto total tenía como destino las cuentas de los bonistas y esos dólares solo estaban proyectados, para no caer en un default previsible.
“Sé que estas situaciones tormentosas generan angustia y preocupación en todos ustedes. Pero sepan que estoy tomando todas las decisiones necesarias para cuidarlos. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para salir adelante. Estoy convencido, más que nunca, que juntos vamos a poder superar nuestras dificultades, cambiando de verdad, de raíz, y entendiendo que no hay atajos mágicos”, concluyó el empresario que alquiló cuatro años el sillón de Rivadavia.
Después, la Sindicatura General de la Nación dijo que aquel acuerdo ruinoso generó “un perjuicio económico para la Argentina”, en 29.618 millones de dólares. La Oficina Anticorrupción dijo que hubo defraudación y la Auditoría General determinó que el acuerdo no fue suscripto por autoridad competente y que se violaron las leyes de administración financiera y de procedimiento administrativo.
La sabiduría de los padres del 53 posibilitó que la Cámara Federal porteña blindara la impunidad de Macri, el 4 de septiembre pasado. Con votos de Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens, la Sala I confirmó el cierre y archivo de la causa penal que había dispuesto María Eugenia Capuchetti por la negociación, suscripción y ejecución del acuerdo stand by. Casualmente, en esta historia también participaron Luis Caputo, entonces titular del Banco Central y Federico Sturzenegger, como secretario de Finanzas.
El mismo amor, la misma lluvia. La Cámara Federal porteña confirmó el 24 de febrero de 2017 el sobreseimiento de todos los funcionarios y banqueros que estaban bajo investigación por el denominado Megacanje de la deuda externa del gobierno de la Alianza. La Sala II del tribunal, con las firmas de los jueces Farah e Irurzun, dejó firmes los sobreseimientos dictados en primera instancia por el juez federal Sebastián Ramos, luego de que un tribunal oral absolviera al exministro de Economía Domingo Cavallo. La Justicia ratificó los sobreseimientos del staff del Palacio de Hacienda: Jorge Baldrich, Horacio Liendo, López Isnardi, Ernesto Marcer, Carlos Molina y Guillermo Mondino. Además quedó limpio el banquero y exviceministro del Tesoro de los Estados Unidos David Mulford. Sturzenegger también estuvo imputado, porque en aquel momento era el secretario de Política Económica, pero fue sobreseído en septiembre de 2018.
Perdón, me olvidaba dos cosas muy importantes. La misma Constitución de 1853 también dice que para contraer empréstitos y arreglar la deuda externa el Congreso es ineludible. El artículo 75, inciso 4, es bastante claro. Sin embargo, aquel crédito de 2018 no pasó por el Parlamento, como tampoco fue discutido por los legisladores nacionales, el de 20 mil millones de dólares de abril del 25. Y por último, la mejor respuesta a ¿qué es el poder?, la dio Alfredo Yabrán: “Es impunidad”.
